Victoriano Lorenzo y la Lucha Indígena

El Teniente Coronel Juan José Quirós, quien fuera secretario personal de Victoriano dice: “Nuestro General coclesano no hablaba de principios políticos ni liberales ni conservadores… Es la lucha de los campesinos recluidos en las montañas que sufren la carga de los impuestos (incluyendo diezmos y primicias), la escasez de alimentos y los ultrajes de las autoridades y de arrogantes oficiales militares” (Claudio Vásquez. Mis memorias sobre el General Victoriano Lorenzo. Relatos de viva voz del Tte. Coronel Juan José Quirós Mendoza 1900-1902).

Este año la conmemoración del fusilamiento del general Victoriano Lorenzo cobra relevancia a la luz de la lucha del pueblo Ngäbe-Buglé. Nuestros pueblos originarios deben buscar en los antepasados la fuerza moral de las luchas del presente. Las vidas de Quibián, de Urracá y de Victoriano nos hablan de una lucha continua de 500 años contra el saqueo y la injusticia.

La actitud de la oligarquía panameña frente a Victoriano ha oscilado en dos extremos: tratar de borrarlo de la memoria colectiva de su pueblo; o tratar de domesticar su recuerdo haciéndolo parecer como aliado de los “próceres” de 1903. Ambas falsificaciones con un mismo fin: negar el contenido claramente clasista, antioligárquico, campesino e indígena de su lucha.

En la Guerra de los Mil Días los liberales radicales, que en Panamá estuvieron representados por Porras, Correoso y Victoriano se sublevaron por libertades democráticas contra la alianza de conservadores y liberales moderados que se habían hecho con el poder en Colombia desde Rafael Núñez (1885). No se levantaron en armas por la supuesta “separación del Istmo de Colombia” como reiteradamente inventan algunos seudo historiadores.

Pero en el Istmo esa sublevación adquirió un carácter de revolución campesina, dirigida por Victoriano, contra los terratenientes de Coclé y Veraguas que abusaban de los “cholos” y usurpaban sus tierras. Esa peculiaridad se fraguó luego de la Batalla del Puente de Calidonia (25/7/1900), cuando el ejército conservador saqueó el pueblo de Victoriano (El Cacao), violó sus mujeres y quemó sus cosechas. Allí una asamblea de 500 indígenas proclamó a Victoriano general, el 20 de octubre, y marchó al cerco de Penonomé.

Victoriano y los miles de indígenas que le seguían pusieron a comer suela de zapatos a la oligarquía penonomeña y aguadulceña. Es esa revuelta campesina la que permite derrotar al ejército conservador en el interior y el retorno de otros líderes liberales, algunos de los cuales incluso intentaron quitarle el mando. Cuando Manuel Noriega y Manuel Patiño le requirieron, Victoriano contestó: “Eso no lo creo correcto porque LA PELEA ES PELEANDO. Si a mí me cogen preso me fusilan y, en cambio, a usted, que es blanco y es amigo del Prefecto, no le pasaría nada”.

A Victoriano lo fusiló la oligarquía panameña que exigió su cabeza en el “Wisconsin”. Lo fusiló el partido conservador, dirigido por Amador Guerrero en Panamá. Lo condenó a muerte un tribunal militar presidido por Esteban Huertas. Lo entregó Eusebio A. Morales. Lo fusiló Estados Unidos porque podía poner en peligro el Tratado del Canal. Acallándolo callaban al pueblo.

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