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Los Brics

bricksHace dos años, el grupo de países emergentes conformado por Brasil, China, India, Rusia y Sudáfrica se fijó el objetivo de independizarse progresivamente de la volatilidad del mundo financiero dominado por Estados Unidos. Para eso, se plantearon crear su propia arquitectura financiera mundial y la semana pasada dieron lugar al nacimiento de lo que podríamos denominar nuevos organismos multilaterales del siglo XXI. Los Brics, un acrónimo creado por bancos de inversión, se despacharon con los inicios de una arquitectura que edifica la nueva multipolaridad emergente en momentos en que se hunde el peso económico de Estados Unidos y se dilata la recuperación europea después del fatídico 2008.

El primer ensayo lo tuvieron China y sus aliados regionales motorizando, después de la crisis regional de 1997, un programa de administración cooperativa de reservas. Comenzó con un grupo de países, pero la iniciativa de Chiang Mai involucra hoy en día a toda Asia, incluso a Japón. Se trata de poner en valor a sus monedas (especialmente el yuan y el yen) para dar lugar a una unidad de cuenta que literalmente reemplaza de la esfera del comercio local y regional el uso del dólar y el euro. Asia comercia entre sus países en monedas locales (SML) y de paso administra trillones de recursos para tener un seguro de liquidez ante desbalances del mundo desarrollado.

El éxito fue notable, miles de millones de esas reservas se administran como un fondo de estabilización que sirve para estar prestamente disponible en caso de que sus miembros necesiten resolver alguna crisis de balanza de pagos y, en simultáneo, sirven de garantía a las emisiones de bonos soberanos locales para inversión en infraestructura de cada uno de sus integrantes. Chiang Mai y el Banco Asiático de Desarrollo (BAD) despliegan su poder financiero como socios en el mercado financiero y financian a los gobiernos en su desarrollo económico de largo plazo.

Todos los países asiáticos –sin excepción– tienen bancos nacionales de desarrollo que lideran inversiones domésticas y las de sus empresas en el exterior, pero su nave insignia es el BAD. Ninguna potencia, ni siquiera Alemania, se priva de tener bancos de fomento y desarrollo de propiedad estatal. En la región, Brasil con el BNDS presta el doble de lo que lo hace el BIRF.

En nuestra región, la década pasada tuvo su aprendizaje con el Mercosur y la Unasur. Nuestras sociedades recuperadas por el desendeudamiento y desalineadas del neoliberalismo de los ’90 se plantearon la posibilidad de tener su independencia de los designios de mitad del siglo XX, exacerbados por el consenso de Washington. Hugo Chávez, Néstor Kirchner y Lula da Silva quisieron profundizar el comercio en monedas locales y se diseñó el Banco del Sur. También se trabajó en la Unasur en un protosistema de administración regional de reservas.

Sin embargo, nos quedamos en la retórica del discurso. Esta semana los Brics crearon su Banco de Desarrollo con un patrimonio inicial de 100 mil millones de dólares (50 por ciento integrado ahora y el resto aportado en los próximos años) y un fondo de estabilización de reservas para ayudarse en caso de desbalances financieros internacionales. También avanzan en los primeros pasos para el progresivo abandono del dólar y el euro en el comercio bilateral. Herramientas que nosotros desarrollamos en los papeles, pero no logramos avanzar lo suficiente en la práctica.

El banco de los Brics es la noticia financiera más importante de la última semana. No es sólo para sus accionistas. Como los demás organismos multilaterales será un instrumento para los próximos integrantes de los Brics para movilizar liquidez a los créditos para el desarrollo de la infraestructura que hoy aún carecemos. En el fondo es el mismo proyecto de Chávez, Néstor y Lula, pero concretado por Dilma, Putin y Xi Jinping quienes de este modo ponen en valor la idea de independencia financiera que bregaron las políticas emancipadoras de años recientes.

Argentina que tiene todo para ser parte de ese bloque, no dispone aún del instrumento más relevante para ingresar con ropaje independiente a ese club: su propio Banco de Desarrollo. Es incomprensible que después del banquicidio público de los ‘90 todavía no hayamos creado la institución financiera de la sustitución de importaciones y de canalización de recursos crediticios para la internacionalización de nuestro comercio y nuestras empresas argentinas. No es tarde, aún estamos a tiempo. Esta sería una de las reformas que nos faltan para que la independencia financiera nos permita tener las industrias que necesitamos, el empleo que emancipa a los trabajadores y la infraestructura que hace a la democracia el sistema que con crédito público lleve el progreso y desarrollo social al fondo mismo del pueblo.

Los Brics nos invitan a un club sin etiqueta ni galera pero reclaman, eso sí, que las ideas además de pregonarse ahora se cumplan. Piden que hagamos lo que enunciamos en Unasur. Gran oportunidad nacional para redimir a quienes creemos que el desarrollo independiente es necesario y suficiente, pero además posible.

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