Victoriano Lorenzo héroe de la Revolución Panameño

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Este año 2019 se conmemora los 116 años del fusilamiento del general Victoriano Lorenzo cobra relevancia a la luz de la lucha del pueblo Ngäbe-Buglé. Nuestros pueblos originarios deben buscar en los antepasados la fuerza moral de las luchas del presente. Las vidas de Quibián, Urracá, Bayano y de Victoriano nos hablan de una lucha continua de 500 años contra el saqueo y la injusticia.

La actitud de la oligarquía panameña frente a Victoriano ha oscilado en dos extremos: tratar de borrarlo de la memoria colectiva de su pueblo; o tratar de domesticar su recuerdo haciéndolo parecer como aliado de los “próceres” de 1903. Ambas falsificaciones con un mismo fin: negar el contenido claramente clasista, antioligárquico, campesino e indígena de su lucha.

Pero en el Istmo esa sublevación adquirió un carácter de revolución campesina, dirigida por Victoriano, contra los terratenientes de Coclé y Veraguas que abusaban de los “cholos” y usurpaban sus tierras. Esa peculiaridad se fraguó luego de la Batalla del Puente de Calidonia (25/7/1900), cuando el ejército conservador saqueó el pueblo de Victoriano (El Cacao), violó sus mujeres y quemó sus cosechas. Allí una asamblea de 500 indígenas proclamó a Victoriano general, el 20 de octubre, y marchó al cerco de Penonomé.

Victoriano y los miles de indígenas que le seguían pusieron a comer suela de zapatos a la oligarquía penonomeña y aguadulceña. Es esa revuelta campesina la que permite derrotar al ejército conservador en el interior y el retorno de otros líderes liberales, algunos de los cuales incluso intentaron quitarle el mando. Cuando Manuel Noriega y Manuel Patiño le requirieron, Victoriano contestó: “Eso no lo creo correcto porque LA PELEA ES PELEANDO. Si a mí me cogen preso me fusilan y, en cambio, a usted, que es blanco y es amigo del Prefecto, no le pasaría nada”.

A Victoriano lo fusiló la oligarquía panameña que exigió su cabeza en el “Wisconsin”. Lo fusiló el partido conservador, dirigido por Amador Guerrero en Panamá. Lo condenó a muerte un tribunal militar presidido por Esteban Huertas. Lo entregó Eusebio A. Morales. Lo fusiló Estados Unidos porque podía poner en peligro el Tratado del Canal. Acallándolo callaban al pueblo

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